jueves, 23 de julio de 2020

La burbuja informacional

¿Es verdaderamente peligrosa la desinformación?

Las noticias falsas son siempre peligrosas. No solo por la posibilidad de hacernos creer que algo falso es verdadero (lo que es preocupante en sí mismo), sino porque pueden derivar en estilos de vida peligrosos. El autor polaco Wojciech Mucha publicó un artículo para la Gazeta Polska Codziennie donde explora el concepto de burbuja de información. Si comparamos las novedades que aparecen en nuestras páginas de inicio de Facebook, Twitter o Youtube con las que le aparecen a cualquier otra persona que acceda a sus perfiles desde el mismo celular, notaremos enormes diferencias. Quizás una noticia que aparece con mucha frecuencia en el perfil de uno ni siquiera aparece en el perfil del otro.

La razón es que la mayoría de esas plataformas tienen algoritmos que “aprenden” sobre nuestros gustos de consumo. Mientras más likes les demos a ciertas páginas, cuentas y perfiles, más contenido del mismo tipo se nos ofrecerá. Sencillamente porque se interpreta que es eso lo que queremos consumir. Eso no solo implica que Youtube sepa si me gustan los videos de gatos en situaciones graciosas o que Facebook me sugiera páginas de memes de pájaros. La idea de vivir en una burbuja de información significa, en palabras del autor, que solo recibamos información que los algoritmos filtren como adecuada para nosotros.

Si exploramos y comparamos perfiles de redes sociales de personas que tienen ideologías políticas muy marcadas de izquierda o de derecha, veremos dos mundos totalmente distintos. Sobre los mismos hechos de todos los días, cada uno recibirá información opuesta. Si la persona está convencida de que el país progresa (y por lo tanto sigue páginas de diarios o periodistas que afirman eso), eso es lo que recibirá. Si, por el contrario, la persona está convencida de que el país retrocede, recibirá información con esa tendencia. Probablemente esas personas tengan contactos con las mismas inclinaciones políticas: personas que comparten contenido con el que ya, de antemano, están de acuerdo. Quizás toleren a alguien que piensa diferente entre sus contactos (porque eliminarlo implicaría, por ejemplo, un disgusto familiar), y ahí se abren dos alternativas: dejar de seguir ese perfil para no ver las cosas que publica o simplemente pasarlas de largo hasta que el algoritmo capte que es contenido que nos disgusta.

En la burbuja de información somos felices básicamente porque todo el tiempo recibimos contenido que refuerza lo que ya pensamos. No hay lugar para opiniones que nos disgusten y, con el tiempo, perdemos la perspectiva de tener contacto con personas que piensen distinto. Así agrupamos por intereses, seguimos a personas que tengan una opinión parecida a la nuestra para sentirnos cómodos y formamos un sistema de (des)información mutua.

Existen burbujas de información que están construidas casi íntegramente con fakenews. Los algoritmos descubren que nos gusta consumir esa clase de información y simplemente nos ofrecen más. Así se forma un suave colchón de pseudointelectualidad donde nos podemos revolcar con la tranquilidad de que, si alguien nos cuestiona, seguramente el que está mal es el otro.

Resumido de La iglesia que surfea la posverdad: sobre mentiras y medias verdades, de Nemo.


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