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martes, 15 de diciembre de 2020

Vida universitaria IV


Aspectos de la vida universitaria: de la A a la Z

El noble y delicado arte de preparar y rendir finales

Muchos estudiantes se sorprenden o impresionan ante esta revelación: rendir (y aprobar) un final no tiene ninguna relación directa con saberse el contenido ni con haber estudiado. Empecemos por el principio, ¿qué son los finales?

El final es una instancia de evaluación integral (por lo general oral) que tienen algunas materias (por lo general las más extensas) y que se parece por buscar un ejemplo cercano al estudiante de secundaria— a los exámenes integradores de fin de año. Es decir, se supone que el estudiante debe demostrar que domina todos los contenidos vistos a lo largo de la materia. El propósito de los finales, ¿es tan diabólico como parece? Aunque los finales son muchas veces temidos, es mucho más saludable verlos como lo que son: una posibilidad más de aprendizaje. El verdadero sentido del final es que el estudiante pueda relacionar con armonía todos los contenidos vistos, en contraste a otras materias donde se promociona por aprobar los parciales y muchos estudiantes van "dejando de lado" los temas ya vistos y aprobados.

En la Uba, por ejemplo, hay fechas especiales en las que los estudiantes pueden inscribirse para rendir los finales de las materias que han regularizado (cumplido con las condiciones de la materia para aprobar y poder acceder a la instancia del final). También existe la posibilidad, en algunas materias, de presentarse a rendirlas como "libre" (sin haberlas cursado y yendo directamente a rendir el final). Luego de la inscripción se le da una fecha y un horario al estudiante. El orden de entrada para rendir puede ser según la lista (es decir, por apellido) o con una lista en la que los estudiantes se van anotando por orden de llegada. Es siempre recomendable llegar temprano. En el aula, el estudiante se enfrenta mano a mano con el profesor (en el caso de facultades grandes, con el "jefe de cátedra") que puede o no estar acompañado por otro docente (en general sí lo está). Se le suele pedir al estudiante que prepare un tema para empezar.

Ahora, si en el final se evalúan todos los contenidos vistos durante la cursada, ¿por qué aprobarlo no tiene necesariamente relación con un estudio profundo o ni siquiera completo? La respuesta tiene relación con lo que el final es: una conversación entre dos personas. El final no se aprueba simplemente por saber, sino por convencer al otro de que uno sabe. Es decir, hay dos grandes estudiantes que pueden destacar en un final:

  • Los estudiantes que se aprendieron casi de memoria todos los contenidos de principio a fin.
  • Los estudiantes que tienen muy buena retórica y que dominan los contenidos más generales.

Los primeros triunfan porque, al haber estudiado tanto, son capaces en teoría— de responder a cualquier pregunta que les hagan. Los segundos despliegan otra estrategia: tratan de llevar ellos la dirección hacia los temas que mejor dominan.

¿Por qué digo que los estudiantes más estudiosos son "en teoría" capaces de responder cualquier pregunta? Porque muchas veces el miedo, el nerviosismo o la timidez pueden hacer que el estudiante se enrede en sus propias palabras y pierda el hilo de lo que dice, aunque se lo sepa de memoria. ¿Puede el profesor meterse en la mente del estudiante y ver que, efectivamente, se sabe todos los contenidos? No, pero lo que sí puede hacer es ver a alguien que, por su pobre exposición, demuestra no saber. Es bastante normal, tristemente, ver estudiantes que son muy sobresalientes para responder por escrito, pero que tienen muchas dificultades para la oralidad. 

Es decir, mientras más sólida sea la primera impresión que tenga el docente, menos dispuesto estará a hacerle muchas preguntas al estudiante. ¿Cómo se logra esto? Hay muchas variables, que incluyen la postura corporal relajada, la seguridad en la voz y la claridad para expresar las ideas. Es también importante, a lo largo de las clases teóricas, captar a qué cosas particulares de los textos le da importancia el profesor. Después de varios años dando clases, muchos docentes esperamos que el estudiante mencione ciertos conceptos o use determinadas palabras técnicas que terminamos asociando con "un estudiante que estudió". Los estudiantes más astutos van leyendo las reacciones en el rostro del profesor a medida que exponen sobre un tema: saben que cada vez que el profesor asiente con la cabeza están pisando terreno seguro.

¿Qué otros factores se pueden tener en cuenta?

Cuando hay muchos estudiantes y uno rinde entre los últimos, es bueno recordar que el docente ya tiene encima mucho desgaste físico y mental. Algunos docentes reaccionan al cansancio siendo cada vez menos exigentes, para otros es al revés. También los hay quienes se vuelven muy desagradables con los estudiantes. Es recomendable escuchar experiencias de otros alumnos que ya hayan rendido esos finales con esos docentes.

Cuando una materia tiene una bibliografía MUY extensa, es normal que, para el final, se la divida en una serie de temas o ítems más pequeños (es decir, al estudiante se le hace preguntas muy particulares sobre ciertos textos en lugar de pasearlo por toda la bibliografía).

Cuando un estudiante demuestra, por nerviosismo, timidez o lo que sea, no dominar muy bien lo que está diciendo, es muy probable que el docente reaccione haciéndole muchas preguntas. Aunque puede hacerlo para ayudar al estudiante a salir de su empantanamiento, puede terminar perjudicándolo más. También aplica al estudiante que llega al final con un muy mal rendimiento en los parciales. El profesor le hará muchas más preguntas y será mucho más exigencia con el que a duras penas aprobó que con el que llega al final con dos dieces.

El miedo no es (necesariamente) malo: cuando no paraliza, ayuda a tener reflejos mentales.

Por último, recordemos que desaprobar un final no significa el fin del mundo. Es, como ya dijimos, una instancia más de aprendizaje y se puede volver a rendirlo, con más preparación, en la siguiente fecha.


Vida universitaria III

 

Aspectos de la vida universitaria: de la A a la Z

El ritmo de estudios al compás de la cafeína.

En la vida universitaria, quien no toma mate, toma café, Speed, Monster o todo eso junto, y es importante problematizar eso. Empecemos por el principio:

¿Por qué alguien tomaría 3 litros diarios de café negro preparado con Speed y endulzado con Coca Cola? La pregunta es más interesante de lo que parece, porque plantea analizar una historia y unos objetivos.

El camino de la tolerancia, ¿por qué?

El estudiante que empieza tomando un par de tazas de café instantáneo descubre, después de un tiempo, que su cuerpo no reacciona de la misma forma a la cafeína. Así, para lograr el mismo efecto de "activación" que antes alcanzaba con esa dosis de cafeína, comienza a consumir un par de tazas, pero de café negro en grano. Cada cuerpo metaboliza las cosas con su propio y particular ritmo, y esto incluye factores como el peso, la edad y otras cuestiones (incluso genéticas). Bajo un consumo sostenido a lo largo del tiempo, el cuerpo empieza a generar tolerancia a productos y sustancias energizantes cada vez más diversas. Empieza así la experimentación: mezclar café con Speed, tomarlo y pensar que uno ya ha tocado el fondo de la degradación humana (spoiler: no), luego —cuando esa mezcla venenosa ya nos resulta lo mismo que tomar agua— se pasa al siguiente escalón en la espiral de degradación. De hecho, en ciertas carreras muy exigentes a nivel académico (como por ejemplo Medicina) es común ver estudiantes que consumen en secreto psicofármacos que compran de forma ilegal y que usan para ""potenciar"" su ritmo de estudio. 

El objetivo del juego, ¿para qué?

Ahora, este estudiante consume esas mezclas horripilantes, ¿para preparar un final particularmente difícil?, ¿para prepararse para los exámenes?, ¿cada vez que tiene que estudiar?, ¿o incluso —y lo peor de todo—  simplemente para poder sostener un ritmo de cursada que lo está matando? El problema del uso y abuso continuo de energizantes y estimulantes es que el estudiante empieza a naturalizar ESO como su rendimiento normal. Esto no solo significa que, si alguien tiene que consumir 3 litros por día de energizantes para poder "sostener" su cursada, está ya muy por fuera de su rendimiento natural, sino que el peligro de asumir que ese es el rendimiento natural y seguir exigiendo cada vez más.

La balanza: costos y beneficios

La vida del estudiante es una constante evaluación de costos y beneficios. Con respecto a nuestro caso inicial, ¿por qué alguien pensaría que tomar 3 litros diarios de energizante y vivir constantemente al borde del colapso físico es un costo aceptable? ¿Por una buena nota, por terminar una cursada, por tener un título? Hay detrás mucho para analizar.

Algunos estudiantes terminan la secundaria pensando que su identidad es la de ser intelectuales. Docentes y compañeros siempre dieron por hecho que seguro "aprueba todo porque es un genio". Al entrar en la vida universitaria, esta identidad construida sobre buenas notas enfrentará duras pruebas. Quizás por eso algunos estudiantes tienen tan poca tolerancia al fracaso: ese parcial desaprobado es una ofensa contra lo que ellos creen que son.

Otros estudiantes nunca se comprometen de forma seria con el desarrollo de una disciplina de estudio. Estudian con muy poco de margen de tiempo y exigiéndose mucho. En ese caso, el consumo de estimulantes resulta un camino que se abraza con naturalidad y que, cada vez que el estudiante aprueba, se termina reforzando.

Una breve historia personal:

La primera vez que practiqué el abuso de la cafeína fue para rendir un recuperatorio de Filosofía. Aunque la docente daba clases magistrales (y nadie dudaba en llamarla "una genia"), tenía un sistema de evaluación muy curioso: no daba por válida ninguna respuesta con una extensión menor a una carilla de hoja A4. No solo mi letra es muy pequeñita, sino que acostumbro a usar cuadernos cuadriculados. Una compañera, que tenía una letra enorme y un cuaderno con hojas rayadas, fue calificada con un 10, aunque sabía mucho menos que yo (e incluso admitiera haberse inventado algunas cosas). Objetivamente, mi parcial había sido mejor pero, visualmente, el contenido parecía "menor". ¿Cómo podría escribir, con mi letra diminuta, una hoja por respuesta en el tiempo del parcial? Tomé 3 jarras de café instantáneo antes de ir y, sintiendo un poco de taquicardía, fui capaz de cumplir con la exigencia de la docente. Claro que esa no sería la última vez en que abusaría de la cafeína.